Sumario
1. A 35 años de la primera ronda de las Madres de Plaza de Mayo
2. La última invasión a Buenos Aires.
3. La película que asusta – Orlando Barone
4. YPF, un caso ejemplar – Vicenc Navarro
Revista
Las patas en la fuente
Unidos o dominados
Mayo 2012
Una revista Nacional y Popular
A 35 años de la primera ronda de las Madres de Plaza de Mayo

El 30 de Abril de 1977 hicieron la primera ronda, desafiando a la dictadura militar, pidiendo por sus hijos detenidos-desaparecidos.
Bonafini recordó que en esos comienzos "nos propusimos llorar en nuestras casas, abrazar las fotos de los hijos, abrazarnos a sus recuerdos y su historia, pero cuando veníamos a la Plaza no llorábamos ante el enemigo para no doblegarnos, y estar firmes y estoicas como estamos hoy".
Aseguró que "estamos haciendo la historia" y se preguntó si los jóvenes "tienen conciencia de que están haciendo una historia maravillosa y única. Esta historia que nos pusieron en las manos, primero nuestros hijos y después Néstor".
Sobre el ex presidente, la titular de Madres de Plaza de Mayo afirmó que "hizo que estallaran los corazones, los cuerpos, las manos, y las cabezas, de miles y miles de pibes que se sintieron incluidos en esta Patria para hacer política".
"Ese es el mejor momento para las Madres, saber que parimos otros pibes, porque Néstor que dio su vida por esta Patria, nos mostró este camino. Sabemos que falta, hay muchas cosas por hacer, porque es un país nuevito, es una Patria joven", agregó.
Por otra parte, Bonafini pidió a la Corte Suprema de Justicia que resuelva la situación de las medidas cautelares que frenan la aplicación total de la Ley de Servicios de Comunicación Audiviosual y bregó por el tratamiento de un proyecto de ley que despenalice el aborto.
Luego de hacer entrega de un simbólico pañuelo blanco al vicegobernador bonaerense Gabriel Mariotto por su "trabajo incesante" en la sanción de la Ley de Medios, Bonafini afirmó que "todavía falta que la Suprema Corte se decida a terminar con las cautelares, les pedimos desde esta casa que se decidan, que no le tengan miedo ni a Héctor Magnetto, ni a La Nación, ni a Clarín".
"Necesitamos tener más medios de comunicación para poder comunicarnos y para poder aprender", agregó.
Néstor Kirchner en su momento dijo ante la Organización de las Naciones Unidas que se sentía hijo de las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo.
José Pablo Feimann, con razón dice en su libro: ”El Flaco”, Editorial Planeta, 2011, que la lucha de las madres “fue lo que frenó las venganzas. Ellos (por los militares), masacraron treinta mil y nadie les tocó un pelo. Las Madres y las abuelas piden Justicia. Es la mayor apuesta a la paz y a la vida que se puede hacer”.
Eduardo Alberto Planas
La última invasión a Buenos Aires
(Adaptación libre del cuento de José Pablo Feimann, La última invasión a Buenos Aires publicado en el Diario Página 12 y Peronismo 2 – Filosofía Política de una persistencia argentina. Editorial Planeta.).
“La “realidad” en verdad no existe. Nos pasamos la vida construyendo versiones sobre ella. Tal vez el paso del ensayo a la ficción es el reconocimiento de este hecho. Si no tenemos otra posibilidad de narrar el mundo desde nuestra propia situación, desde nuestro propio punto de vista, la ficción queda incorporada al ensayo como la aceptación plena de la invención, de lo diferente, de lo que va a sorprendernos porque sumara varios puntos de vista, se encarnará en distintos personajes, el narrador no será el autor del ensayo, sólo el narrador de la historia o de las historias.(…)”.
El cuento que va a leerse es un cuento apocalíptico. Un cuento que –si a algún género pertenece– pertenece al género No future. Todo es llevado a su extremo. Es –por decirlo así– la exasperación y hasta el delirio del tema de la casa tomada, central en toda interpretación de nuestra historia en totalidad.
“Se esperaba por unos momentos un saqueo a manos de cinco mil bárbaros desnudos, hambrientos y excitados por las pasiones bestiales que en esos casos empujaban los instintos destructores de la fiera humana que como “multitud inorgánica” es la más insaciable de las fieras conocida”.
Vicente Fidel López. Citado por Jorge Abelardo Ramos, Revolución y contrarrevolución en la Argentina, Plus Ultra, Buenos Aires, 1965, pag. 49
Corre el mes de mayo de 2018. Gobierna Marcelo Macro, luego de un golpe de estado institucional de los grupos económicos y mediáticos, con el apoyo de La Embajada norteamericana, dado al gobierno de Claudia Fernández de Kintana, a finales del 2015.
La ex presidenta debió exiliarse a Venezuela, luego del atentado criminal cometido en su contra. Se la atribuye el delito de “subversión”. Se ha disuelto el congreso Nacional, reemplazándolo por una Comisión de Asesoramiento en materia de Leyes, presidida por el Sr. Magneti. Se ha intervenido al Poder judicial y al frente del mismo se encuentra el casi Ingeniero Blumberge. El partido el Frente para la Victoria, todos los partidos de izquierda-menos el Partido Obrero-, los organismos de derechos humanos, están proscriptos, y sus dirigentes se encuentra detenidos. Se ha liberado al genocida Jorge Rafal Varela y otros represores. Se han privatizado nuevamente Aerolíneas Argentinas, las AFJF, YPF , se ha derogado la Ley de matrimonio igualitario y la Ley de medios. Se ha autorizado una base del Ejército norteamericano en Posadas, Provincia de Misiones.
La crisis del capitalismo ha herido gravemente a Argentina. La miseria está en todas partes menos en la orgullosa ciudad de Buenos Aires, siempre a contramano del país, por historia y convicción.. La brecha entre pobres y ricos se ha ensanchado. Hay millones de pobres de toda pobreza.
La Comisión de Asesoramiento en materia de Leyes, han dictado la Ley Giménez. Rige la pena de muerte en el país. La inimputabilidad llega hasta los 11 años. La policía ha quintuplicado su fuerza y cuenta con armamento sofisticado. Se ha establecido el Estado de Sitio y el toque de queda a partir de las 22 hs. La Policía tiene plenas facultades para detener “sine die” a todo joven de tez oscura (con o sin gorra), quienes pueden ser sometidos a “sufrimientos físicos tolerables”, como en Guantánamo y el estado de Israel.
En la provincia de Buenos Aires se han levantado muros en donde ha sido necesario. La ciudad de Buenos Aires está cercada por uno altísimo construido de un nuevo material proveniente de Francia, ( donde los negros y musulmanes inmigrantes quemaron dos veces Paris) más resistente que el cemento. Los countries tienen alambres electrizados y guardias de seguridad fuertemente armados con Itakas ultramodernas. Sin embargo, los delitos continúan. Se sabe que hay mucha hambre más allá del muro de la seguridad.
Un empresario sojero detiene su lujosa 4 x 4 junto a la banquina, baja y se pone a orinar. Aparece un negrito y entra velozmente en el coche. El tipo dejó la llave puesta. Todo fácil para el pibe. Arranca y sale rápidamente. Inútil. El tipo cierra su bragueta, sereno. Saca una Browning. Apunta cuidadosamente y dispara. El coche se detiene y se oye la bocina. El tipo, se acerca a pasos lentos hasta el auto, abre la puerta y el pibe cae. Presumiblemente tendría que tener un balazo en la nuca. No. El pibe está herido en el hombro. Vive. “Si te movés, te reviento”, le dice el tipo. Saca su celular y llama a la policía. Pero el pibe, con asombrosa velocidad, le clava una sevillana en el estómago. El tipo no lo puede creer. Cae sobre el asfalto. El pibe, arrastrándose, le quita la Browning y lo quema de nueve balazos. Se lleva el coche. Lo agarran a los dos días.
Gran indignación nacional. Los medios, fuera de sí, exigen la aplicación de la Ley Giménez. Chechi Gelberg, dice “¿Qué hicimos los argentinos para merecer esto? Como dice Ceci Giménez: ‘El que mata debe morir’. Y se acabó. Esta vez no podemos equivocarnos. O nosotros o ellos”.
La Jefa Espiritual de la Ciudad de Buenos Aires, la venerable dama, Marta Lestrand, opinó: “Ay, qué feo. ¿Quién es ese chico? Yo estoy contra la pena de muerte. Pero a favor de la justicia. Y la justicia es ajusticiarlo”.
Ceci Giménez, la diva, cuyo peso ha subido como su odio (ya está llegando a los 120 kilos), está sin embargo, feliz. Al fin se aplicará su ley. Se ha optado, en el país, por la guillotina.
El pibe se llama Aníbal Torres y tiene 13 años de edad. ¡De pronto, Crónica y Perfil se destapan con una noticia espectacular, definitiva:¡Aníbal Torres es boliviano! ¡Pertenece a esa raza maldita y oscura que viene a nuestro país a robarles el trabajo a los nuestros, que igual no lo tienen porque no hay! ¡Muerte, muerte al boliviano! ¡Que nunca más un boliviano mate a un argentino de bien!, grita la opinión pública que cada vez mas dicen que es “privada”, ya que dos grupos concentran toda la información, la que es repetida por todos los taxistas de la Ciudad de Buenos Aires, ya que el Ministerio de Seguridad ha decretado que todo lo que digan los taxistas es información fidedigna y contrariarlos es delito.
Luego de un breve juicio el niño boliviano Aníbal Torres, de 13 años de edad y tez oscura, es condenado a morir en la guillotina. Tres días más tarde se lo ejecuta en una nueva cárcel llamada “Jorge Rafael Varela, en homenaje al prócer que exterminó la subversión en Argentina.
Los medios festejan alborozados la primera y exitosa aplicación de la Ley Giménez.
El llamado -por sí mismo- filósofo Mario Gordona, dice: “El joven Torres conocía ya la amenaza. Al conocerla y, sin embargo, matar, debemos inferir que algo en él, algo muy profundo, lo llevó a elegir el suicidio. Nuestra sociedad no ha matado a Aníbal Torres. El se ha suicidado”. Longobardino, pobre pero de ideas, repite lo mismo.
Llegan noticias alarmantes a la ciudad. Dos millones de hombres y mujeres de tez oscura avanzan sobre ella sin que se conozca su propósito.
“Si siguen avanzando –dice el ensayista, de viejo, muy viejo pasado marxista y sartreano, Julio Juan Sebrela–, estaremos ante una nueva anarquía como la del año 1820; o peor cuando “la chusma Irigoyenista”, o más grave aún: ante un nuevo 17 de octubre, cuando el “aluvión zoológico” o quizás cuando el 25 de Mayo de 1973, durante la “primavera camporista”, o en la época del kirchnerismo, cuando “se vino el zurdaje”.
Nada detiene a la muchedumbre oscura y encolerizada. Destrozan todos los muros. Se apoderan de las armas de los guardias. Arsenales inclusive. Y son millones. Millones de hambrientos, villeros, marginados, desclasados, delincuentes, chicos que no murieron con el Paco, prostitutas, madres de doce hijos, boxeadores de clubes miserables, desocupados eternos, frustrados, humillados, , picaneados de todas las comisarías del país, marchan sobre Buenos Aires.
LUCHE Y VUELVE, dice una gran bandera de 100 metros de largo con las siglas CFK, Los negros insurrectos llevan miles de pancartas con el rostro de CFK y del niño Aníbal Torres.
El ministro de Defensa, el magnate colombiano Di Narvaez, se comunica con el jefe del Ejército, general Bustos. -“Avanza una turba subversiva sobre nuestra ciudad. Prepare a sus hombres y salga a reprimirla. Tiren a matar. Sin contemplaciones, general. No quiero prisioneros, entiende.”
El general Bustos responde:
-“Disculpe, señor ministro, pero el Ejército Argentino ya hizo eso una vez. No lo va a hacer de nuevo. Entiéndame bien: un ejército no está para fusilar hambrientos. Está para la defensa nacional del territorio. Para luchar contra otro ejército que intente atacarnos. Esos hambrientos no los creamos nosotros. Son obra de ustedes. Háganse cargo. Buenas noches”.
Cuelga el teléfono y el ministro de Defensa monta en cólera:
-“¡Todo esto se debe a la prédica subversiva de esa montonera polleruda de Nilda Guerré! El ejército siempre nos hizo la tarea sucia, cuando la Semana y la Patagonia Trágica, en 1930, 1955, 1966 y 1976. Todo por culpa de esos negros de mierda que la votaron a la Fernández esa. Nunca más habrá elecciones en este país, y si los hay, nunca una mujer podrá ser candidata. Estableceremos el voto calificado: solo los de la Ciudad de Buenos Aires podrán votar, y en tanto acrediten tener 1500 dólares depositados en bancos extranjeros, que tanto”.
Los negros llevan horas apropiándose de la ciudad. Se comen los perros. Violan a las buenas damas de Barrio Norte. “¿De que servirán nuestras cacerolas?”, dicen algunas. “¡Llamemos al Campo!, que vengan Bolcatti y el petiso ese de la Federación Agraria”, dicen otras.
De pronto aparece al casi ingeniero Blumberge. Tiene cara de loco. A su lado está el Rabino Bernesti. Se acercan a la muchedumbre. Alzan los brazos. “Dialoguemos. Sólo queríamos seguridad. No hacerles daño”. Pero la negrada –que no es tonta- feroz, hambrienta, sedienta de todo, oscura, les pasa por encima, los aplastan.
El ministro de Defensa , el colombiano Di Narvaez, tiene una idea genial. Se comunica con el jefe del Comando Sur del Ejercito de los Estados Unidos, con asiento en Posadas, Misiones, General William Peterson, un sanguinario marine que ya había actuado en la invasión a Irán en el 2012, y la fracasada a Venezuela del 2014. En el cuartel flamean las banderas Argentina y Norteamericanas.
“Mi General–dice el ministro de Defensa–, hemos detectado que entre la multitud que invade Buenos Aires hay miles de terroristas islámicos. Algunos, incluso, han creído ver al mismísimo Bin Laden, parece que no está muerto.”
- “Ya mismo actuamos”, dice Peterson. “No en vano el mundo se ha globalizado y la lucha contra el terrorismo también. Cuelgo con usted y doy órdenes para que cincuenta aviones con misiles nucleares vuelen a Buenos Aires.”
-“Pero, Mi General –dice el ministro de Defensa–, así no va a quedar nada en pie. Ni siquiera yo.”
-“¿Y a mí qué mierda me importa? , dice el General. ¿Desde cuándo el gobierno de los Estados Unidos de América se preocupa por los daños colaterales?”
En menos de tres días nada queda en Buenos Aires. Ni un edificio ni un ser humano. Es, por fin, la ciudad más segura del mundo.
Eduardo Alberto Planas
La película que asusta
Orlando Barone
Me daré un dudoso gusto -es un decir- y empezaré esta crónica en inglés: “Something is a rotten in the state of Denmark”. Traducida comúnmente como “Algo huele a podrido en Dinamarca”. Esta intrusión del idioma inglés no integra ese colectivo de 17 intelectuales y periodistas kelperistas que diseñan una patria propia sin autorización de la historia. La desoye justamente. Y apela a Hamlet y al genio de Shakespeare, para olfatear esta súbita atmósfera mediática y social que parecería copiar aquélla de 2008/ 9 altamente sospechada de destituyente. No cuesta recordar el comienzo del gobierno de Cristina acechado por atrás por un Judas líquido y consignas como “Dios y el campo”, tan falsamente campesina. Sigo con otra alegoría inglesa publicada aviesamente en la parte superior de la tapa del diario Clarín del lunes 27: “Un Oscar para Margaret Thatcher”. Con zonza malicia, en lugar de Meryl Streep, la premiada por Hollywood, los editores reemplazaron su nombre por el de la ex primer ministra inglesa durante la Guerra de Malvinas. Qué mediocre felicidad obtienen algunos escarbando en llagas sensibles.
El jefe de gobierno de la Ciudad es muy eficiente en ese sentido: con táctica oportuna hace reabrir la calle de “Cromañón” y, en carambola, renuncia a la gestión del antiguo subterráneo, en su afán protector de no arriesgar la seguridad de los pasajeros. El alcalde de la ciudad más rica de la Argentina, y de ingreso per cápita como de sociedades de alto desarrollo humano, se rehúsa a ser cómplice de la insuficiente fuerza estatal federal de la que él -se distrae- no se asume haber sido incitador y vaciante. La “Dinamarca” mediática ha vuelto con su mejor hedor shakespeareano. No es la Argentina, por suerte. Aunque desde varios flancos acumula potencia: sea de los cianuros, de los maestros rebelados, de los militantes sociales presuntamente espiados, y de los que se identifican como ex combatientes de Malvinas y que, si siguieran aumentando, van a superar a los cinco millones de jubilados.
Según el escritor Alejandro Horowicz, a diferencia de la etapa inicial del Gobierno kirchnerista que estaba a “la izquierda de la sociedad menemista”, ahora es lo contrario. “Las cosas cambiaron”, dice. “Ahora la sociedad está a la izquierda del Gobierno”. ¿Será así? Cuesta creer que los grandes medios, que las fuerzas que bombardearon desde la derecha toda la gestión del kirchnerismo, que quienes desde el progresismo celebraban a la mesa de desenlace, de pronto se izquierdicen y reclamen más Estado a un Estado que pugnó por reconstruirse desde un derrumbe privatista. El ferrocarril fue parte de ese derrumbe legendario. Pero algo pasa. Porque esa tragedia al final del verano acaba con su relato feliz de playas y hoteles y rutas colmadas, y deviene en un funeral argentino. La muerte es invencible. No hay discurso objetivo que si tratara de explicar pormenores de por qué vino la muerte, no sea considerado un agravio. Sea prudentemente por el lugar apropiado del vagón, o sea arriesgadamente a través de la ventanilla, la muerte multiplicada en decenas de pasajeros, no acepta que se le hagan interpelaciones racionales. Por eso está el pésame. Para evitar que el deudo se salga del desconsuelo por alguna tangente. Que se quede en el duelo. Los medios hacen lo suyo con angurria y denuedo.
Un nombre, Lucas, lideró amargamente la lista mortuoria de la tragedia de la estación Once. ¿Por qué uno -Lucas- acapara la demanda de duelo y clamor sobre todos los otros igualmente muertos? Es un destino o un arbitrio. Pero sólo ese joven tardíamente encontrado entre los hierros, fue el ícono que motivó un homenaje póstumo en un teatro, y a miembros de su familia en el escenario leyendo las partes de respectivas elegías y reclamos de justicia. Aumentan los reclamos de justicia en puebladas y marchas; es como si no actuara la justicia sin que le reclamen. Y, aun así, aunque juzgara y fallara una condena al culpable, las víctimas protestan insatisfechas porque una prisión de quince o veinte años es poco. Y cadena perpetua también. No tengo ganas de continuar. Soy como un actor que sabe que su actuación de hoy no será afortunada, si alguna otra lo fue. A veces, un actor recurre a un histrionismo, a un repentismo o a una improvisación que lo salve del vacío.
Recurro a la película La invención de Hugo Cabret, de Scorsese, con algunas premiaciones del “Oscar”. Tiene una actualidad argentina que sorprende. Hay allí una escena en la que el protagonista sueña oscuramente con un tren que se le viene encima y que produce un desastre. Se sabe que Scorsese nos remite a la tragedia de la estación de París de 1895. La locomotora y su saga de vagones, sin frenos, traspasan el límite del andén, atraviesan el hall central y las paredes y caen hacia la calle desde un primer piso. Ocasiona un tendal de víctimas. Casualmente, unos meses antes de la tragedia los Hermanos Lumière habían creado un filme en el cual un tren enloquecido parecía abalanzarse sobre el público de la sala de cine. A consecuencia de ese efecto, los espectadores aterrados se agachaban en sus butacas. Scorsese, en su película actual, también recuerda esa escena. Hay una fotografía de culto, extraordinaria, del fotógrafo Roger Viollet, quien captó en 1895 el trance de aquella locomotora mortal de París a poco de su choque. Ficciones éstas que coincidieron con el realismo de nuestra estación Once. Lo otro es la atmósfera dudosa, Shakespeare, el hedor de Dinamarca, el afán demandante que pretende hacer sentir agria la leche de la teta solidaria; o es la forma respetuosa o irrespetuosa con que se tributa a la muerte. Pero la sociedad es más vasta que la que pasa por los televisores y los noticieros. Y no se simplifica en una tragedia, sino en el mayor y arduo despliegue de la vida.
YPF, un caso ejemplar
Procesos - El neoliberalismo en América latina
Por Vicenç Navarro * (Público)
Ahora bien, aunque estas políticas neoliberales continúan siendo las dominantes en la Unión Europea, no es así en América latina donde, con la excepción de Colombia (el país del mundo que tiene mayor número de asesinatos de sindicalistas) y algún otro país, pocos, tales políticas han dejado de dominar sus vidas económicas y sociales. Una de las primeras rupturas con el neoliberalismo fue el gobierno de Argentina que, en 2001, rompió la paridad que la moneda argentina tenía con el dólar. Aunque Argentina tenía moneda propia, el peso, en la práctica la fijación de tal moneda con el dólar estadounidense implicaba que no tenía potestad para cambiar su valor, perdiendo con ello uno de los instrumentos más importantes para estimular la economía, mediante la devaluación de la moneda. Tal fijación peso-dólar había conducido a Argentina (durante el periodo 1998-2001) a tener la mayor recesión conocida en su historia. Fue en aquel periodo, durante los gobiernos del neoliberal Menem y de Fernando de la Rúa, cuando el Ministro de Economía argentino indicó con toda franqueza que el éxito de su política económica dependería más del Ministerio del Interior (encargado de la represión) que del de Economía. Pero la ciudadanía no aguantó. El resultado fue que el gobierno Argentino rompió la paridad de su moneda con el dólar, desoyendo así la voz del FMI, que había condicionado su "ayuda". Lo que Argentina hizo sería comparable a que España dejara el euro.
Como era de esperar, la reacción unánime del FMI, del BM, de los establishment europeos y del gobierno de Estados Unidos, fue de condena, señalando que tal medida sería un desastre para Argentina. La devaluación de la moneda significaría, según tales establishment, que el valor de la deuda pública argentina sería menor, pagándose a los acreedores menos de lo que éstos esperaban. De ahí que concluyeran que a la Argentina le sería imposible pedir dinero prestado de los mercados financieros, colapsando con ello su economía. Pues bien, todos aquellos establishment erraron en sus pronósticos. A partir de entonces, Argentina creció enormemente (fue el país que creció más rápidamente en Latinoamérica), reduciendo la pobreza, incluyendo la pobreza extrema y aumentando tres veces su gasto público social durante el periodo 2001-2010. No sorprendentemente la presidenta Cristina Fernández -odiada por los neoliberales- fue reelegida en las últimas elecciones legislativas con un 54 por ciento de votos.
La nacionalización de YPF
Pero este proceso de ruptura con el neoliberalismo en Argentina ha continuado con la nacionalización de la compañía petrolera YPF, la cual había sido privatizada durante el periodo neoliberal de Menem, cuando Repsol, la petrolífera española, la adquirió. Con tal nacionalización, el gobierno argentino pasará a tener el 52%, controlando tal compañía. Como era de esperar, el gobierno de España, las elites que dirigen la UE y el FMI, los paladines del neoliberalismo, han condenado tal medida, augurando un desastre para Argentina. El argumento que utilizan es que Argentina no encontrará instituciones que le presten dinero ni experiencia técnica para expandir la producción del petróleo en aquel país. Lo mismo se dijo, por cierto, cuando el presidente Hugo Chávez nacionalizó una serie de compañías extranjeras (cemento, acero y otros sectores), incluyendo algunas de Estados Unidos; y cuando el presidente Evo Morales de Bolivia nacionalizó las compañías del petróleo y producción de gas, telecomunicaciones y electricidad; y cuando el presidente Rafael Correa del Ecuador nacionalizó las compañías de distribución del plátano. Pues bien, ninguno de los vaticinios de desastre se ha cumplido. Uno de los vaticinadores fue Moisés Naím, colaborador de El País y que fue en su día miembro del equipo económico del presidente Carlos Andrés Pérez, de Venezuela, que promovió el neoliberalismo en aquel país, y que ahora concluye que tales medidas en Argentina llevarán a la ruina del país ("Cristina, Petróleo y Psicoanálisis", El País. 21/04/12). Según Moisés Naím, que considera a Colombia como el modelo a seguir para América latina, la nacionalización caracteriza a los países con economías mediocres. Moisés Naím, para llegar a sus conclusiones, deliberadamente ignora algunos hechos. La gran mayoría de países productores de petróleo tienen empresas públicas (no empresas privadas) que controlan la producción de tal material, Rusia, Noruega, Venezuela, Méjico, Gran Bretaña y Arabia Saudita, entre otros, tienen nacionalizadas sus compañías energéticas. En realidad, la Argentina era de las pocas excepciones. Referente a la intrínseca ineficacia que se atribuye a las empresas nacionalizadas, baste ver el éxito de Noruega, donde la empresa pública petrolífera ha garantizado el nivel de vida y calidad de vida del país.
En cuanto a la falta de inversión extranjera, hay que cuestionar, tal como acentúa Mark Weisbrot, codirector del CEPR, este fetichismo acerca de la inversión extranjera. Uno de los países con mayor crecimiento en el mundo del subdesarrollo, Corea del Sur, lo hizo sin apenas tener inversión extranjera. El otro hecho, ignorado por los economistas neoliberales, es que la producción de petróleo en la Argentina había bajado, creando un grave problema de 2004 a 2011; la producción del petróleo descendió un 20 por ciento debido en parte a la escasa inversión por parte de Repsol. Consecuencia de ello es que la Argentina en 2011 tuvo que importar petróleo por primera vez en su pasado reciente. De ahí que el Gobierno decidiera cambiar la situación y tomar control de la compañía petrolífera.
Una última observación. En España, el gobierno Rajoy está intentando movilizar los sentimientos patrióticos acusando al gobierno argentino de atacar a España. El error en este argumento es que la mayoría del capital de Repsol no es español. En realidad, la única vez que fue español fue cuando la firma era estatal. Fue cuando el gobierno del Partido Popular (PP) la privatizó cuando perdió su nacionalidad española. Intentar movilizarse para defenderla es ignorar quién es hoy Repsol, una compañía (como Endesa, otra empresa privatizada por el PP) que se caracteriza por su insensibilidad hacia el usuario español. Como siempre hacen los nacionalistas, el PP está manejando la bandera para defender, no los intereses generales, sino los muy particulares. En realidad, la nula sensibilidad patriótica de Repsol se expresa en que es una de las empresas del IBEX 35 que utiliza más los paraísos fiscales, a fin de evitar pagar impuestos al Estado español, como bien ha señalado Juan Torres en su artículo "¿Argentina es quien perjudica a España?" ¡De patriota, Repsol, nada!
*Vicenç Navarro











